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“Adiós, América…no eres el país que amé”

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Corría el mes de abril del año 2004, Bagdad era el campo de batalla donde unos muchos dirimían a golpe de bala, el ego de unos pocos. Entre la larga lista de bajas del lado estadounidense, un joven de 24 años; Casey Sheehan, perdía la vida en busca de unas armas de destrucción masiva, que sólo existían en la imaginación retorcida de un lobby de intereses políticos y económicos, disfrazado de patriota.  

A miles de kilómetros, un rugido visceral se levantó desde Vacaville (California) para sacudir a un país aletargado y lanzar una pregunta clara y concreta;  

¿Por qué? 

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Cindy Sheehan, sólo quería que George Bush la mirara directamente a los ojos y le explicara porqué su hijo había sido asesinado en una “guerra ilegal e injusta”. Por supuesto, aquello no ocurrió. El presidente de los Estados Unidos de América, se negaba a recibirla.  

Lejos de amedrentarse, Cindy perdió un matrimonio y más de dos años de apacible vida en Vacaville, a cambio de acampar en agosto de 2005 frente al rancho del presidente Bush en Tejas y convertirse muy a su pesar, en la abanderada del movimiento en contra de la guerra de Irak. Despreciada por el partido demócrata al que pertenecía, al grito de “ramera oportunista” y utilizada por los republicanos como cabeza de turco, que luego sacrificarían sin pudor alguno, para tildarla de “radical”.  

A principios de esta semana, a través del blog del Daily Kos, Cindy publicaba su adiós al movimiento pacifista y al protagonismo. Desengañada, consumida y con una vida privada en ruinas, sentenciaba: “Mi hijo murió por nada”…”Me voy a casa”.  

Qué terrible para una madre llegar a la conclusión de que su hijo murió al servicio de una causa baldía, o de otros intereses muy distintos a los de defender la libertad de una nación frente al terrorismo. Profundamente impresionada me pregunto, ¿qué terrorismo solapado sufrimos, independientemente del país y el signo de sus dirigentes,  por el cuál el sistema ahoga las voces honestas y las luchas legítimas? Ahora pienso en aquellos hombres y mujeres que he visto de cuando en cuando en las noticias, reclamando con mayor o menor acierto, atención y ayuda sobre su causa y que rápidamente enjuicié como locos, pretenciosos o desesperados…¿Acaso no me gustó su discurso? O tal vez fue más cómodo cambiar de canal… ¿Qué clase de mundo legaremos, si ni siquiera se nos permite a los ciudadanos pedir responsabilidades a nuestros gobiernos? Y cuando lo hacemos, nuestros argumentos son adulterados y utilizados al servicio del partido político de turno… 

Las respuestas que encuentro no me gustan. 

Cindy Sheehan arrastrada por el Katrina, que no solamente inundó Nueva Orleans, sino los informativos de todo el mundo relegando a un segundo plano los enfrentamientos en Irak, decía en un ejercicio de auto-crítica y quizás tratando de convencerse a sí misma, aún después de lo vivido:

“Adiós, América…no eres el país que amé”

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